"LA FELICIDAD ABSOLUTA NO EXISTE, Y UNO ESCRIBE JUSTAMENTE POR ESO"

lunes, 12 de abril de 2010

EL MITO Y LA TRAGEDIA DE EDIPO REY.


En la región de Beocia en la antigua Grecia, existió la ciudad de Tebas, de gran importancia y cuna de varios personajes y episodios de la mitología clásica.

Allí reinó un personaje llamado Layo con su esposa Yocasta (Homero la llama Epicaste, en La Odisea).

En la época, era costumbre de los griegos acudir a los oráculos para consultar la ventura, el futuro, los resultados de las batallas, la descendencia, la resolución de conflictos o la suerte de cualquier tipo de situaciones o de empresas en que los dioses o el destino pudieran influir. Por ello se entiende que eran los gobernantes y guerreros quienes más asiduamente acudían a los vaticinios de estos oráculos. No obedecer o no creer en lo que decía un oráculo, era considerado como una profanación y por tanto una falta grave.

Resulta que el rey tebano Layo, acudió una vez al famoso oráculo que existió en Delfos dedicado al dios Apolo. El oráculo le vaticinó que él sería asesinado por un hijo suyo.

Lleno de temor regresó a Tebas y cuando su esposa Yocasta dio a luz a su primer hijo, Layo ordenó que ataran por los pies al recién nacido y lo abandonaran en las laderas del monte Citerón, con la seguridad de que el niño moriría y así él se libraría del terrible vaticinio. Pero un pastor llamado Melibeo, que iba camino a Corinto, encontró al niño atado de pies, que por ello los tenía inflamados (Edipo significa, pies hinchados) y recogiéndolo lo llevó a la ciudad en donde lo entregó al rey Pólibo y a su esposa Mérope, quienes lo criaron como hijo propio.

Cuando Edipo creció y llegó a la edad viril, acudió al oráculo para consultar su futuro, recibiendo con mayúscula sorpresa la sentencia de que él estaba destinado a dar muerte a su padre y a casarse con su madre. Aterrado por esta respuesta, tomó la decisión de abandonar a Corinto para alejarse de Pólibo y Mérope, que él creía eran sus verdaderos padres.

Decidió irse para Tebas sin saber que allí había nacido y el destino hizo que en una estrechez del camino se encontrara con un carruaje que al pasar lo atropelló. Edipo reaccionó furiosamente y dio muerte al conductor que era nada menos que Layo, su verdadero padre, pero lógicamente sin saber de quien se trataba.

Así, se cumplió la primera parte de la trágica predicción del oráculo. Edipo retardó su regreso a Tebas para evitar que lo culparan de esa muerte, pero tiempo después reemprendió su camino. Antes de llegar a la ciudad, se encontró con la Esfinge, monstruo alado con cuerpo de león y cabeza de mujer, que tenía atemorizada a la población porque a los viajeros y caminantes les planteaba un enigma que si no era resuelto por ellos los devoraba.


El monstruo le planteó a Edipo el siguiente enigma: ¿Cuál es el ser que por la mañana camina en cuatro pies, al mediodía en dos y por las noche en tres? Edipo, luego de pensar algunos minutos, contestó que era el hombre, pues de niño andaba a gatas, luego cuando crecía andaba en sus dos pies y finalmente cuando envejecía tenía que utilizar tres, pues debía recurrir al bastón.

La Esfinge, cuando vio resuelto el enigma, se suicidó, como estaba vaticinado, arrojándose desde un peñasco y de esta manera, Edipo libró a Tebas del temido monstruo.

Mientras tanto, el trono de Tebas lo había ocupado Creonte un hermano de Layo, el rey muerto, quien había prometido que lo cedería a quien librara a Tebas de la temida Esfinge junto con la mano de la viuda Yocasta. La tragedia se va completando así porque entonces Edipo sin saberlo, asume el trono de su padre y se convierte en el esposo de su propia madre. Edipo y Yocasta empezaron a reinar en Tebas y engendraron cuatro hijos:


Antígona, Eteocles, Polinices e Ismene


La pareja y sus hijos vivieron felices varios años, hasta que una devastadora epidemia llegó a Tebas, lo cual hizo que el rey Edipo enviara a Creonte al oráculo de Delfos para consultar sobre la causa y remedio de la catástrofe. El oráculo comunicó que ésta no cesaría hasta tanto no se desterrara de Tebas al asesino de Layo.

Edipo entonces promete averiguar quien fue el culpable de esa muerte y manda para ello que traigan a su presencia a un famoso adivino llamado Tiresias. Este, conocedor de la trágica verdad, trata de ocultarla al principio, pero presionado por el propio Edipo, al fin tuvo que revelársela.

Inconcebible fue el asombro de Edipo quien inicialmente creyó que todo era una vil patraña de Creonte, pero a medida que fue hilando los hechos y circunstancias de su vida, se dio cuenta de que la triste y trágica verdad consistía en que él había matado a su propio padre y había cometido incesto con su madre.

Cuando Yocasta, madre y esposa, de Edipo supo este desenlace, entró a sus habitaciones y anonadada se suicidó. Edipo dominado por el desconcierto, la perplejidad y la desesperación, se sacó los ojos y huyó de Tebas acompañado tan solo por su pequeña hija Antígona.

Sus hijos Eteocles y Polinices lo repudian y él los maldice y les vaticina que acabarán dándose muerte mutuamente, lo cual hace parte del sino trágico de esta familia. Antígona, guía a su padre hasta Colono en el Atica, al sur de Tebas y se instalan en el bosque de las Euménides en las afueras de la ciudad, hasta que murió de viejo. En otra versión se dice que fue recibido hospitalariamente por Teseo

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